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El reino de Ascalon

imageEn su día, Ascalon fue una tierra hermosa y fértil de verdes campos y espléndidas ciudades. Sus gentes eran un poco sombrías a los ojos de sus vecinos, algo que, no obstante, no era de extrañar, debido a su interminable guerra contra los Charr. De hecho, su constante vigilancia, su Gran Muro del Norte y la sangre que derramaban año tras año para defenderlo eran los factores que habían protegido, a través de los tiempos, no sólo a Ascalon, sino también a Kryta y a Orr.

Más tarde llegó la invasión y, con ella, la Devastación.

Aquellos que siguen vivos recordarán siempre el día en el que el fuego mágico asoló y arrasó las tierras de Ascalon. Ciudades y clanes enteros quedaron destruidos en la Devastación, y la grandeza de la nación quedó hecha añicos. Ahora, el Gran Muro del Norte yace fragmentado y los Charr han invadido buena parte del reino, lo han profanado con sus santuarios impíos y han matado a aquellos que se han interpuesto.

La supervivencia de Ascalon depende del último rincón que resiste del reino caído: su capital, Rin. En los postreros años de la última Guerra de Clanes, los habitantes de Rin depositaron sus esperanzas en un soldado llamado Adelbern, un hombre sencillo y de cuna humilde, cuyo coraje y astucia los unieron no sólo contra los clanes de Orr y Kryta, sino también contra los horrores de los Charr.
La repentina destrucción de la mayor parte del reino durante la Devastación ha afectado en gran medida al espíritu de lucha del hombre al que ahora se conoce como rey Adelbern. Se ha vuelto testarudo y reticente a cambiar, y temeroso de perder lo poco que le queda. Pero el pueblo ve en su hijo Rurik al líder valeroso con cuya ayuda quizá pueda recuperar su derrotado reino.

Los supervivientes de Ascalon viven en un estado de guerra continua y utilizan sus tácticas guerrilleras de ataque y huida y lo que queda del Gran Muro para impedir que los Charr sigan avanzando por su territorio. El rey Adelbern se ha limitado a parapetarse y se da por satisfecho con defender lo que queda de Ascalon y vivir para poder luchar un día más. Sin embargo, el príncipe Rurik es mucho más arrojado de lo que su padre considera prudente, y ha llegado a insinuar que quizá haya llegado el momento de lanzar una ofensiva contra los Charr.

En las calles puede oírse ya el rumor de los aires de cambio. Las gentes tienen miedo. Se preguntan qué será de ellas. Algunos hasta se preguntan en voz alta si Adelbern posee aún las aptitudes necesarias para sacar a Ascalon del borde del abismo. Desearían ver al príncipe intervenir y tomar las riendas del reino. Porque quizá, con su guía, el pueblo de Ascalon pueda vivir para ver otra edad de oro.