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Los Charr

imageLa tierra situada arriba del Gran Muro del Norte que protege Ascalon está habitada por una raza de bestias salvajes conocidas como los Charr.

Para ellos, la llama es la representación física de sus dioses. Para tenerlos contentos deben cumplir sus obligaciones con la llama y, a tal fin, han construido numerosos edificios sagrados denominados Templos de la Llama. Sobre plataformas elevadas, estas criaturas han inscrito colosales runas circulares que definen y alimentan de forma mágica los fuegos sagrados. El anillo se completa con pilares de obsidiana pura o arenisca tallada, esculpidos con los rostros de las misteriosas criaturas a las que adoran. Entre estos pilares y en el centro mismo de cada templo se encuentran las Llamas Sagradas, que nunca se extinguen. Los Charr creen que, mientras las llamas sigan ardiendo, los dioses estarán satisfechos. Si las llamas se apagan, éstos habrán descuidado sus obligaciones y serán castigados.

Cada templo tiene su propio fuego, al que atienden en todo momento cuatro Guardianes del Templo. Tienen una única misión: mantener encendida la Llama Sagrada. Su puesto es el más prestigioso al que un Charr puede aspirar; sólo los más fuertes y capaces pueden gozar de este honor, y los demás se inclinan ante ellos.

Aparte de los templos, siempre que una horda de tropas Charr viaja a algún sitio, lleva consigo un brasero de bronce prendido con la Llama Sagrada. Estos braseros se llevan en carros, que transportan de un lugar a otro cuatro Portadores de la Antorcha Charr. Cada noche, al acampar, los Portadores de la Antorcha erigen una efigie con la forma de uno de sus dioses, y, a continuación, le prenden fuego y dejan que arda hasta el alba.

Los humanos aprendieron pronto a descifrar los significados de la llama: si está encendida, el campamento Charr está ocupado; si está apagada, los Charr han seguido su camino.