Shiro Tagachi
Sólo Shiro Tagachi sabe lo que pasó por su mente cuando de ser un guardaespaldas –el más fiel del emperador– se convirtió en su verdugo el día que sopló el Viento de Jade. ¿Pretendía dar un golpe a la ininterrumpida descendencia y coronarse él mismo emperador? ¿Era venganza lo que buscaba por algún daño que el emperador había hecho a Shiro o a su familia? ¿Buscaba algún tipo de poder que los historiadores no alcanzan a comprender?
Fuese cual fuese su motivo, el asesinato de Shiro ha quedado literalmente esculpido en piedra. El último día de la Fiesta de la Cosecha, el guardaespaldas favorito del emperador llegó al templo y aguardó a que subiese a la torre. Shiro le cortó la cabeza cuando se arrodilló en el suelo para realizar la ofrenda, manchándolo para siempre con la sangre del monarca. Shiro sería también asesinado momentos después, pero su venganza sobre quienes lo hicieron se ha convertido en uno de los acontecimientos más significativos de Cantha desde que Kaineng fundase el imperio. En los momentos finales de Shiro, sacó toda su malvada furia para acabar con el alma del emperador. Lleno de magia pero herido de muerte, el traidor guardaespaldas emitió un alarido ensordecedor que se oyó en kilómetros a la redonda. El último aliento de Shiro fue el Viento de Jade, una brutal ola de energía que convirtió los árboles, los animales, las personas y el agua en piedra y cristal.
El imperio continuó tras la muerte de Shiro. Pero su legado en el continente es innegable y permanente. En la actualidad, muchos indicios apuntan a que dos siglos después Shiro ha regresado del otro mundo. Una fuerza espectral, una sed de poder, una especie de locura está alterando todo lo que toca. La gente de Cantha desconoce el origen de todo esto, pero sospecha que una terrible epidemia es la causante de la aparición de los “Apestados”. Pero incluso aquellos que saben que Shiro acecha entre las sombras no tienen idea del poder que bulle en su interior… ni de lo que pretende hacer con él.





















